SARA BELTRAME
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Filosofía Clásica

Si tengo que vivir una vida buena será una vida vivida junto a los demás, una vida que no se puede llamar vida sin los demás. No perderé este «yo» que soy; quienquiera que sea, seré transformada por las conexiones con los demás, ya que mi dependencia de los demás y mi «dependibilidad» son necesarias para vivir y vivir bien.  
BUTLER, Judith. L’alleanza dei corpi e la politica della strada.

Ante esta estructura de injusticia que, basándose en una diferencia biológica, genera una diferencia social, ¿cómo me quedo? Todos estamos implicados. Sean hombres o mujeres. No puedes decir que no te concierne (...) Ante una injusticia no existe la neutralidad. O la peleas o la apoyas.
Valentina Risaliti entrevista a la autora feminista Michela Murgia

Es curioso lo que pasa en Grecia entre el siglo VII y el siglo VI antes de Cristo.
Al ver las cosas desde aquí, hoy, me parece una especie de Big Bang a ralentí.
Nace una nueva manera de pensar, revolucionaria y no puedo parar de considerar que, si los griegos no hubiesen tenido miedo a lo que no sabían y curiosidad por saber más, hoy en día estaríamos probablemente bajo el mando de otras doctrinas. L
as orientales, quizás.
La ciudad portuaria de Mileto es un laboratorio perfecto para que se desarrollen nuevos pensamientos, ya que al ser una potencia económica gracias a los comercios, ahí es donde llegan nuevas narraciones sobre el universo y la naturaleza. La nobleza griega tiene el tiempo y abre el espacio para criticar las explicaciones míticas de los poetas acerca del mundo, de los hombres y de los dioses. Aristóteles llama a estos primeros filósofos nacidos antes de Socrates, “físicos” por su referencia a la palabra griega “physis", que significa “naturaleza”. Son personas que se preguntan: ¿cuál es el principio (arché) de todas las cosas? La respuesta, por primera vez, la buscan en algo racional, universal y común, que se pueda explicar con el logos (la lógica) y no atreves de mythos (historias fantásticas).

De manera esquemática diría que, mientras los presocráticos especulan sobre la naturaleza, los sofistas - al llegar justo después - aplican una mirada filosófica a los problemas antropológicos. Tales es el primer filósofo que Aristóteles nos indica como tal. Para él el agua es el principio que mueve todas las cosas; los números son, para Pitágoras el arké de lo que nos rodea; el fuego, según Heráclito, que aunque tuviera un carácter reservado y sus palabras fueran de difícil interpretación, identifica en el cambio el mecanismo por lo cual “Panta rei”, todo fluye. Al llegar a Parmenides, los filósofos siguen buscando el arké en las physis o sea no trascienden la reflexión presocrática sobre la naturaleza, pero sí que introducen un concepto realmente interesante. Parménides considera que nada puede ser y no ser al mismo tiempo, ya que el devenir de un estado a otro (por ejemplo de la vida a la muerte), es algo aparente, algo que se muestra a nuestros sentidos. El ser siempre es y, también cuando muere, sigue siendo porque es un “ser muerto”.

Aquí es cuando, bajo mi punto de vista, empezamos a diferenciar entre la esencia de una cosa, su principio, y nuestra experiencia de esa misma cosa. Es ejemplo de ello Demócrito porque interpreta a su manera,“el no ser no es” parmenideo, considerando que cualquier cosa se puede dividir en átomos (sustancias individuales, partículas) que se mueven en un espacio vacío. Con lo cual, para Démocrito el “no ser” es ese espacio vacío entre un átomo y el otro. Los siguientes filósofos identifican en los sentidos la discriminante en la interpretación de la physis y ponen al ser humano al centro de la cuestión: “El hombre es la medida de todas las cosas” (Protágoras). Los sofistas parecen perder el interés hacia la búsqueda de un arké en la naturaleza, centrando la atención en el mundo social y los mecanismos, las normas y las leyes (nomos) que, aún no existiendo en natura, lo regulan. No es casual que son especialmente requeridos en la ciudad de Atenas, en la que el ciudadano (un hombre - no una mujer, no un esclavo-) puede participar a la vida política.

Aunque según Platón los sofistas son personajes arrogantes que no buscan la verdad, como hacen los filósofos, es entre ellos que aparece, diferenciándose, su maestro Sócrates. Es Platon, su mejor discípulo, que escribe - reinterpretándolos - los diálogos inolvidables que el maestro entretenía con todo grupo de personas. Y mientras para Platon el filósofo tiene que asumir la tarea de iluminar a los otros, Socrate nos propone - gracias a la dialéctica y al método mayéutico - alcanzar la felicidad a través del conseguimiento del areté (la virtud), conocernos a nosotros mismos y a nuestra intrínseca verdad. La única manera de vivir correctamente para Platon es deshacerse de las opiniones (doxa) y alcanzar el conocimiento válido (epísteme) mediante la razón.

Aunque parezcan discursos ampliamente aceptables, no puedo olvidarme de las ideas clasistas y machistas que constituían las bases de estos pensamientos, ideas que hoy siguen siendo válidas para que el hombre blanco occidental - bajo mi punto de vista - pueda seguir manteniendo sus privilegios. Por ejemplo, en los textos de Aristóteles encontramos justificaciones sobre la exclusión de las mujeres, los esclavos y los metecos basadas en diferentes fundamentos. La subordinación de la mujer se basa en su supuesta inferioridad natural (1). Su incapacidad para la autodeterminación refleja el papel pasivo que desempeñan en el proceso reproductivo, según Aristóteles (2).

Me pregunto en qué hemos avanzado en este sentido, considerada la brecha salarial que todavía sigue vigente y los casos de violencia machista a la que estamos sometidas cada día (en Italia, mi país, desde enero de este año, hubo uno feminicidio cada cuatro días). En el caso de los esclavos, el problema es más complejo porque no existen “esclavos por naturaleza”(3) . Pero es sobre todo la figura del meteco, el extranjero residente, quien plantea problemas en ese momento. Excluidos de la polis, en el mundo ateniense, vivían juntos con los ciudadanos e interactuaban con ellos como iguales. Así, a lo largo del siglo V,  aparecen nuevos “mitos” que retratan a los atenienses como los únicos “hijos” legítimos de la Tierra Ática. Aristóteles, sin embargo, critica el criterio del ius sanguinis. La opción de ampliar o reducir los límites de la ciudadanía es política y está dictada por razones contingentes y oportunistas (4).

Del mismo modo, hoy en día, la exclusión de las masas de “nuevos metecos” se justifica a través del argumento de “el número excesivo de ciudadanos”. En todo caso, la discriminación entre nativos y extranjeros, aunque esté en contradicción con los principios de la democracia, es hoy en día totalmente presente y es causa de un racismo institucional que perdura desde entonces y que es muy difícil de erradicar.

1. «Está claro que la hembra no contribuye con semilla a la generación», sino que «ofrece solo el lugar» en el que ésta se cumple. ARISTOTELES, De Generatione Animalium. Vol. 1, 726a-727a
2. «(…)el varón es mejor por naturaleza, la hembra peor, el uno al mando, la otra a la obediencia» ARISTOTELES, Politica I. Vol. 5, 1254b y «El sexo masculino es por naturaleza más apto para el mando que el sexo femenino» ARISTOTELES, Politica I. Vol. 12, 1259b
3.El esclavo es una «propiedad con alma». ARISTOTELES, Politica I, Vol. 4, 1253b
​4.«(…) Pero como estas medidas se inspiran solamente por la escasez de ciudadanos legítimos (porque estas leyes se hacen por escasez de hombres), cuando la población ha vuelto a crecer, se excluyen gradualmente primero a los hijos de un esclavo o de una esclava, luego, aquellos cuya madre solo era ciudadana y en última instancia se inscriben en los registros solo aquellos que nacieron de ambos padres ciudadanos»ARISTOTELES, Politica III, Vol.5, 1278a

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