SARA BELTRAME
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MANTENERNOS VIVAS

“Las brujas acabaron de existir cuando acabamos de quemarlas.”
Voltaire

“Al igual que el comercio de esclavos y el exterminio de los pueblos indígenas del Nuevo Mundo, la caza de brujas se sitúa en la encrucijada de un conjunto de procesos sociales que han abierto el camino al moderno mundo capitalista.”
FEDERICI, Silvia. Brujas, caza de brujas y mujeres.

​“La Edad Media inventa todas las cosas con las que todavía estamos lidiando, los bancos y el pagaré, la organización del latifundio, la estructura de la administración y de la política municipal, la lucha de clase y el pauperismo, la diatriba entre Estado e Iglesia, la universidad, el terrorismo místico, el juicio circunstancial, el hospital y el obispado, y también la organización turística: sustituyan las Maldivas por Jerusalén y lo tienen todo, incluida la guía Michelin.”
ECO, Umberto. Diez modos de soñar la Edad Media. ​

En el medioevo el mundo es considerado una realidad estática, que no se puede modificar. La verdad se encuentra en las escrituras sacras y en los textos de los grandes pensadores: los teólogos. El tema central del pensamiento medieval es la relación entre fe y razón.
Ciencias y religión, filosofía y teología, conocer y creer, búsqueda de la verdad y vedad dogmática son opuestos que buscan una conciliación que parece cada vez más complicada. Por otro lado, en esta época, asistimos al desarrollo de la agricultura y de los comercios, al aumento de la población, al desarrollo de las ciudades y al nacimiento de la burguesía.
No obstante es evidente que el medioevo haya traído consigo ciertas ventajas para la población occidental, también es cierto que pensamos en la época como a un momento oscuro en la historia de la humanidad.
De todas las cosas en las que normalmente nos fijamos mientras estudiamos este momento histórico, me gustaría mantener una coherencia con el resto de los trabajos entregados hasta ahora y centrarme en la violencia contra el género femenino que se hace fuerte y organizada,  institucional - me atrevería a decir -, sentando las bases de la así denominada “cultura de la violación”.
Así como en las otras épocas estudiadas hasta ahora en la asignatura, en esta también me ha resultado complicado encontrar un historiador de la filosofía que citara alguna mujer filósofa. Buscando entre los pliegues de las redes sociales, la única es Cristina de Pizan, escritora, filósofa y poeta humanista, nacida en Venecia en el 1364.
Por pensar en la necesidad de una “habitación propia” para que las mujeres pudiesen tener acceso al conocimiento y desarrollar su propio pensamiento, podríamos definirla una Virginia Woolf ante litteram. (1)

Las mujeres en el medioevo estaban intentando mantenerse vivas. En cuanto a lo que pervive hoy en día del pensamiento teológico medieval, hablar de cultura de violación me parece una perspectiva interesante.
Con el concepto de “cultura de la violación”, utilizado en los estudios de género por parte de la literatura feminista y postmoderna, se describe una cultura en la que la violación y otras formas de violencia sexual son prácticas aceptadas, normalizadas, minimizadas por los medios de comunicación y por la sociedad misma.
Nos es una novedad, ya lo leído en Aristóteles. Durante los siglos es fácil encontrar varios pensadores que apoyan el utilizo de la fuerza contra las mujeres.
Entre los Griegos, Erodoto afirma: “Ahora bien, el secuestro de mujeres se considera una acción de malhechores, pero la preocupación de mujeres secuestradas es una acción de necios, mientras que de sabios es no darse de sí ningún pensamiento, porque está claro que si no hubieran querido no habrían sido secuestradas.” (2)
Entre los latinos, Ovidio en el libro “Ars Amatoria” - que tuvo un gran éxito incluso en los siglos siguientes - escribe:
“(…) Aunque le des el nombre de violencia: a las mujeres les gusta esa clase de violencia;
lo que les produce placer,
desean darlo muchas veces obligadas por la fuerza.
Todas se alegran de haber sido violadas en un arrebato imprevisto de pasión y consideran como un regalo esa desvergüenza.
Por el contrario la que, pudiendo haber sido forzada, se retira intacta, aunque finja alegría en su rostro, estará triste.” (3)
Las palabras de Ovidio corren a lo largo de los siglos y se utilizan para indicar una actitud considerada tradicionalmente expresión del “normal” juego de los roles entre hombre y mujer en el ámbito de la seducción. La mujer no puede tomar iniciativas sexuales ni mucho menos ceder inmediatamente a las “avances” de un hombre, sino que debe presentarse como pudorosa, predisponiéndose así, en virtud de su pasividad, a sufrir de buen grado la agresividad sexual del varón.
“Grata est vis ista puellis” es la base de la expresión latina “Vis grata puellae”, (4) utilizada recientemente en las aulas de los tribunales en defensa de los abusadores sexuales.

En el medioevo estos conceptos y estas practicas se convierten en sistémicas, ya que son dictadas, no tanto por poetas, historiadores, escritores, sino por quien detiene y representa el mismísimo poder.
El 5 diciembre 1484, Papa Inocencio VIII, publica la bula “Summis desiderantes affectibus” y ordena inquirir, torturar y matar a las brujas - y a los brujos, es cierto - de toda Europa, especialmente en Alemania. Para este trabajo encarga, en nombre de Dios, los monjes dominicanos Jacopo Sprenger e Heirich Kramer.
Esas mujeres tenían contacto directo con el diablo, hacían pócimas con las que mataban a personas inocentes, y si tocaban a un niño que necesitaban eliminar, este moría al cabo de unos días.
Serán pocos los que públicamente se pondrán al lado de ellas así como hizo 200 años más tarde Voltaire, afirmando que: “Las brujas acabaron de existir cuando nosotros acabamos de quemarlas”. (5)

Convencido que la intolerancia y la superstición son productos del cristianismo y, especialmente, de la institución eclesiástica católica, no hay más remedio contra ellas que las enseñanzas de Jesus y la tolerancia practicada por el pueblo judío. Sobre este último punto, quizás hoy en día retrataría sus palabras.
En el medioevo las formas de violencia perpetuadas contra las mujeres constituyen un catálogo impresionante. Violaciones, segregaciones, espolios de los bienes a partir de las herencias y de las dotes, matrimonios forzados, encierres también forzados en los conventos, maltratamientos, prevaricaciones y discriminaciones en el trabajo.
Fue sobretodo en la segunda parte del medioevo cuando estos comportamientos violentos se codificaron.
¿Por qué? ¿Qué está pasando?
El cristianismo refuerza - en una perspectiva teológica - la tradición misógina que ya vivía en la cultura judía y greco-Romana. Pienso simplemente al pecado original que, de ser un gesto de orgullo intelectual por parte de Eva, en el medioevo se convierte en grave un pecado sexual. El pecado de los pecados.
Eva, las brujas, sus cuerpos, son mapas de una geografía diabólica en la que María representa una isla de Santidad, privada de sus deseos y de sus funciones. No es un caso tampoco que, en esta geografía, cuando por primera vez se retrata la muerte en el siglo XIV, tenga el aspecto de una mujer con garras y alas de murciélago.
Las pasiones, el amor, los sentimientos son “cosas” que según la Iglesia alejan el hombre de la virtud, perturbando su alma. Por supuesto son las mujeres las que provocan una especie de enfermedad de los sentidos. A menudo, la única manera de sobrevivir era encerrarse en los conventos, porque si así no fuese, su vida se convertiría en dos actividades: cuidar la casa y las necesidades familiares asociadas y procrear.
Pero hay que subrayar también otras circunstancias que quedan olvidadas sobre la situación de las mujeres en el medioevo y quizás, en este aspecto, será sorprendente darse cuenta de que desde entonces, hasta hoy, las cosas no han cambiado.

En Inglaterra y en Escocia, entre el 1200 y el 1600, la violación (6) era un crimen y existían leyes que protegían a las personas en este sentido. Se podía, por ejemplo, denunciar el acto violento, sin la ayuda del padre o de un marido.
Esto contrasta con los estereotipos de las narraciones - en películas o en literatura - que estamos acostumbradas a consumir, en las que las mujeres medievales eran impotentes, totalmente invisibles y dependientes de los hombres.
En los registros judiciales es posible encontrar historias de mujeres que han testimoniado en los tribunales para obtener justicia y defenderse.
Como único ejemplo me parece interesante hablar de Isabella Plomet (7), que en 1292, consiguió llegar a un acuerdo satisfactorio después haber sido drogada con una sustancia narcótica quirúrgica en su bebida y violada. Plomet consiguió demostrar que la agresión sexual fuese vista como una violación, facilitada por un estado mental alterado. Siendo una violación merecía ya en esa época una indemnización.
Aunque las condenas eran muy pocas, hay que tener en cuenta que en el Medioevo la violación era considerada un delito contra la propiedad y, por lo tanto, un crimen con penas como la castración o el ahorcamiento.
Tal y como pasa a menudo hoy en día, el tribunal estaba constituido exclusivamente por hombres que consideraban excesivo infligir ciertas penas a compañeros acusados además por mujeres.
Entonces ¿qué ha cambiado en los últimos 800 años?
La cultura medieval de la violación sentaba sus bases en diferentes creencias sobre las mujeres y sobre el sexo hoy en día todavía muy enraizadas en nuestra sociedad. Por ejemplo, que las mujeres mientan sobre la violación porque son criaturas que normalmente mienten; que, por disposición natural, tienen más libido de los hombres y no son capaces de controlar sus deseos; que la violación - para ser considerada violación - tiene que acompañarse a lesiones físicas. Todas estas son creencias culturales que hoy en día tienen un papel central en nuestra sociedad y confirman una evidencia: necesitamos todavía progresar.
Y mucho.

Notas
1. LAZARUS Margaret, Rape culture, Cambridge documentary Film, 1975; SMITH, Merril D. Encyclopedia of Rape. Westport, Greenwood Press, 2004, p. 174.
2. ERODOTO, Historias. 1-4-2
3. OVIDIO, Ars Amatoria I, 675-680, cito por la traducción de V. Cristóbal López, Ovidio, Amores, arte de amar. Gredos, 1989
4.“La violencia es bien recibida por las jóvenes”.
5.Aunque haya buscado el texto original para citarlo en la nota, no lo he encontrado.
6.Legalmente con “violación” se define el acto sexual impuesto por un hombre a una mujer con fuerza y contra su voluntad.
7. BBC [en linea]. SKODA, Hannah “El último duelo: las mujeres que se atrevían a denunciar violaciones en el Medioevo arriesgando sus vidas” Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias-58740212

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